Viaja en…

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ASCENSOR

COMUNICACIÓN

.- ¡Fuera de aquí!, ¿no ve que esto es una escalera de caracol?

.- Ya lo sé, pero no veo por qué tengo que irme, al fin y al cabo no lleva a ninguna parte.

.- Ni tampoco viene de ningún sitio, ¿no se había fijado?

.- Entonces, ¿qué hacemos aquí?

.- No sé, es mi propia vida y puedo girar sobre mí mismo tanto como me plazca, ¿no le parece?

.- Ya me había dado cuenta, también es mi vida, pero ¿qué hacemos juntos? .

.- No tengo ni idea, aunque podríamos averiguarlo, ya que hemos coincidido de alguna forma.

.- Yo estoy en mi plano inconsciente ahora y veo palomas negras y una serpiente escarlata.

.- No puedo ver eso, yo estoy en el plano consciente y eso no tiene ningún significado para mí.

.- Quizás si bajara a este nivel, podría entenderlo.

.- ¿Lo entiende usted?

.- En el plano inconsciente no se entiende nada, simplemente las cosas son, y ya está. Ahora la serpiente se ha transformado en una cinta de raso anudada al cuello de las palomas.

.- ¡Qué extraño!, estoy tratando de llegar un poco más alto y la escalera se distorsiona y me obliga a bajar de nuevo.

.- No es fácil llegar a nivel de la supraconsciencia, ya lo he intentado un par de veces sin alcanzarlo.

.- Quizás no esté usted debidamente preparado. Yo he practicado con técnicas orientales.

.- ¡ Qué tontería, mirar tanto hacia oriente!, los griegos ya conocían la ataraxia hace miles de años en el mediterráneo.

.- ¿ Cree que podríamos probar juntos? .

.- ¡ No, hombre!. Llegamos por separado, aunque allí si que nos encontraríamos, es un nivel de comunión universal.

.- No sé…no sé. En el nivel del inconsciente, ¡si que se está solo!.

.- Tremendamente solo, rodeado de angustias y temores.

.- Ya volaron las palomas negras con su lazo escarlata en el cuello.

.- Ahora bajo yo y me encuentro una gran caja de cartón, vacía, en la que alguien está echando cubos de agua.

.- ¡Pero eso no es posible!, no podrá contenerla.

.- Ya, pero es así y la caja se está reblandeciendo por los lados, aunque contiene toda el agua, echen la que echen.

.- Acabará por romperse y lo inundará todo.

.- Cuando llegue ese momento estaré en el nivel consciente, donde está usted ahora.

.- En el nivel consciente no podremos seguir hablando, olvida que no nos conocemos.

.- Por supuesto, ¡no puedo dejarle entrar en mi vida!.

.- Ni yo lo pretendería, señor mío, ¡ faltaría más!.

Planta TREINTA Y DOS.- abriendo puertas.

.-  Adios, buenos días.

.-Buenos dias

BARCA

Se había acostumbrado a salir todas las tardes en su pequeña embarcación, para contemplar el poniente desde el mar.  Se alejaba de la costa al tiempo que el sol se ocultaba tras la muralla del castillo coronándola de rojo sobre un cielo por momentos más malva.

Sabía que veía ponerse el mismo sol que  habían contemplado durante siglos las civilizaciones que se asentaron sucesivamente en el Mediterráneo. En paz, sobre aquellas aguas inmóviles cuyo silencio solo era interrumpido por el graznido de las gaviotas, pensaba que el mundo era un hermoso lugar para vivir, y mentalmente recitaba a Virgilio y a Muhamad Ali Ibn Hazm, pensando en su esposa.

Se distanciaba así, material y anímicamente, de la franja costera con su bullicio turístico, su olor a fritura y sus músicas enlatadas, y se sentía feliz rodeado de la plenitud de la  naturaleza en calma, participando de una belleza que había inspirado palabras también imperecederas para cantar un amor como el suyo.

¿Por qué había tenido hoy la idea de llevar consigo aquellos prismáticos que alguien dejó olvidados el verano anterior?.

¿Por qué cedió a la tentación de mirar y dejó de contemplar?, ¿Por qué quiso saber?. Los prismáticos amplificaron la imagen del puerto, de las terrazas de los cafés, de los balcones de los bloques de apartamentos del Paseo Marítimo. Buscó su casa, localizó sus ventanas, la baranda algo despintada sobre la fachada que en su día fue verde y ahora era gris, su hogar; incluso pudo ver el saloncito por la cristalera abierta, y pudo  también ver a su mujer… que no estaba sola.

Ya no habría más ocasos de paz, de mar tranquila,  de gaviotas y de poesía. Sería su último  viaje en barca, ¿para qué navegar de nuevo si su hermoso  mundo había dejado de existir?.

BICICLETA

Dicen que cuando se ha aprendido a montar en bicicleta no se olvida nunca. Y, al principio, ¡cuánta inseguridad al tratar de mantener el equilibrio sobre esas dos ruedas tan finas!.

.- No te pares, mira a ferente

Dice la voz amiga a mi lado

.- Vale, pero no me sueltes, ¿eh?.

.- Sigue, sigue,  no mires atrás.

Cada vez la voz suena más lejana.

Y entonces me doy cuenta de que puedo hacerlo, y la brisa me refresca la cara, y mis manos ya no aferran el manillar tan crispadas y, poco a poco, voy sintiendo el placer de descubrir el camino desde una nueva perspectiva, de controlar esa sencilla máquina que se desplaza con la sincronía de mis piernas y el motor de mi corazón, que obedece al más pequeño giro de mi muñeca, y que parece que puede llevarme al fin del mundo.

.- No te pares, mira al frente.

.- Sigue, sigue, no mires atrás.

Y la voz se  va perdinedo.

Me quedo contemplando el cuenta revoluciones que sube con arreglo a mi esfuerzo, el cuenta kilométros marca el recorrido que he realizado y me embarga la sensación de poder, mis ojos perciben el entorno fantástico de una ciudad imposible de calles vacías  bajo un cielo inmóvil, después una carretera blanca entre parterres de un esmeralda perfecto, a lo lejos una línea azul sugiere el mar.

La máquina estática  va marcando el largo camino de la rehabilitación. Y me doy cuenta de que puedo hacerlo, que puedo descubrir nuevos paisajes que aparecen con la sincronía de mis pensamientos y se activan con el motor de mi cerebro y  llegar verdaderamente al fin del mundo, porque nunca se olvida uno de vivir después de haberlo aprendido.

CABALLO

De pronto, el recuerdo apareció nítido en mi cabeza, y comprendí por qué dibujaba compulsivamente caballos.

La feria llegaba a mi ciudad en noviembre, y se instalaba en la Alameda, cruzando el puente del Real. Mi padre me había llevado de la mano y decidió montarme en un hermoso caballo negro de largas crines y  enhiesta cola con su lomo de azabache brillando al sol, aunque yo  estaba realmente aterrorizado porque era muy grande y estaba frío, y me mareaba el constante giro del tio-vivo al mismo tiempo que subía y bajaba  rítmicamente. Pero no protesté.

Trataba de seguir con la vista a mi padre que solo era una borrosa figura que reía satisfecho a mi paso,  como  reía toda la gente a su alrededor, señalando con el dedo; máscaras infomes de bocas enormes deformadas por la  risa, mientras yo me sentía condenado a ser una atracción más en el parque ferial.

De golpe, supe que el caballo me estaba esperando desde aquel noviembre de mi infancia, para huir juntos del espacio virtual en el que he convertido mi vida. Que tengo que rescatarlo para  no seguir girando ante la mirada vacía de los otros, de mi familia,  que exhibe el rictus  de orgullo ante mi éxito y de los críticos que tanto  parecen admirar mis cuadros, que  los analizan, otra vez señalando con el dedo,  y se ponen su másara de especializado interes hacia mi y hacia mi obra:

.-los impresionantes caballos, los fantásticos caballos, los esperpénticos caballos, los monstruosos caballos de este jovencísimo artista.

Omnipresentes caballos, solo caballos… entre la niebla, bajo las aguas, rodeados de una vegetación exhuberante, remontando la estela de un relámpago, cruzando laberintos, entre desfiladeros o arrebatados por un rayo de sol, caballos en mundos nuevos en busca de libertad .

*****************

El feriante  se presentó en Comisaría  y contó que cuando estaba a punto de poner las lonas, a eso de la medianoche, se acercó un muchacho, al que no había visto nunca anteriormente  y le pidió que le permitiera montarse sólo un instante y así, ante sus propios ojos, el caballo y el chico se habían puesto en movimiento. El agente tomó la declaración preguntándose que sustancia estupefaciente habría consumido aquel hombre.

*****************

Atravesando el arco gótico de las Torres de los Serranos, entra en la ciudad un jóven montando un hermoso alazan. Las vetustas piedras, iluminadas por la luna, no se sorprenden, ellas son de un tiempo en el que existía la magia.

COCHE

.-¡Está vivo, está vivo!.

Fue lo primero que escuché aquella mañana. A mi alrededor una algarabía de  pájaros, el cielo azul en lo alto y el sol atravesando la piel de mis párpados que me resultaban casi  imposibles de abrir. Con esfuerzo pude percibir que mi coche era un amasijo de chatarra cerca de mi y recordé que la noche se había cerrado con un resplandor de focos y un golpe seco.

Había vuelto a nacer, como quien dice, aquel 17 de julio.

Con sumo cuidado me colocaron sobre una camilla, yo me dejaba hacer, no sentía nada, solo pensaba en mi nueva vida: ahora podría cambiar de trabajo, este siempre me había parecido estúpido y monótono. Buscaría algo estimulante, con mucha actividad, muchas relaciones públicas, convenciones, viajes…

La ambulancia arrancó con la sirena rompiendo la quietud de la mañana. Seguí planificando mi reiniciada existencia: romper de una vez con Reme, una novia aburrida y demasiado fiel. Quería conocer chicas interesantes, libres, divertidas, esas que siempre me habían dado un poco de miedo.

Las puertas del hospital se abrieron y la eficiente maquinaria de emergencias siguió funcionando para mi, para permitirme iniciar aquel camino que se abría lleno de opciones que nunca había aprovechado: comenzaría a practicar algún deporte, yo, tan sedentario, el culo eternamente pegado a la silla de la oficina o al sofá de mi casa.

En la UCI, intubado, escuchando el rítmico ronroneo del equipamiento de sofisticada tecnología que mantenía las constantes de un cuerpo que me parecía recién estrenado, ansiaba que pasara el tiempo con rapidez para dejar atrás las rutinas, tan seguras pero tan asfixiantes, que conformaban ahora el día a día hospitalario.

Había vuelto a nacer, y estaba seguro de que podía lograr, ahora sí, todo lo que yo quisiera.

Aún no sabía que había quedado tetrapléjico.

TAXI

Llovía como llueve en mi ciudad, corriendo el riesgo de anegarlo todo. Tomé un taxi, tras acudir a aquella cita que resultaba ya tan ineludible que, yo misma, la había exigido imperiosamente, incapaz de soportar otra noche insomne.

Una densa cortina de agua desdibujaba los perfiles de los edificios volviéndolos cada vez más irreales, como desenfocandolos del campo visual.

Las gotas resbalaban a lo largo del cristal de la ventanilla y creaban formas fractales que se componían y descomponían sin cesar hasta que  comenzaron a brillar en toda la gama de colores del espectro.

Ahora, hacía sol y la línea del horizonte era azul, yo estaba en una burbuja que rodaba describiendo la curva del arco iris pero que nunca llegaba a meterse en el mar, porque este se alejaba, se alejaba…

Todo era extrañamente hermoso y del cielo anaranjado comenzaron a caer letras cárdenas que acabaron componiendo una frase: …”fuera del mundo, no importa donde”

Creo que mi dentista se había pasado esta vez con el anestésico.

TREN

Es la primera vez que he mentido y estoy asustado. Creo que lo llevo escrito en la cara. He salido al andén receloso, la azafata al pie del vagón me ha ofrecido la máscara de su sonrisa profesional, pero a mi me parece que escondía una segunda intención cuando me ha susurrado el habitual: .- Buen viaje, señor.

He dejado mi bolsa de mano en la rejilla, el resto del equipaje, bastante voluminoso por cierto, lo he mandado por mensajería, eso despertará menos sospechas. Localizo mi asiento y espero que parta el tren, me sentiré más tranquilo cuando se ponga en movimiento.

Los altavoces anuncian la inminente salida, indican el trayecto en varios idiomas y las paradas que realizará durante el mismo, sólo dos capitales de provincia me separan de mi destino y en cada una de ellas el tiempo en que el convoy se detiene es escaso.

Nadie parece advertir de mi presencia, es cierto, pero yo sé lo que he hecho y me basta para sentirme culpable, me enseñaron a no mentir, decir la verdad aún a costa de asumir el castigo era un valor y ahora, por primera vez, he tenido que engañar a mi madre y también aquí mismo, en esta Estación, he vuelto a mentir.

Los paisajes se suceden después de atravesar los barrios del extrarradio urbano con sus galerías acristaladas incendiadas por el sol poniente donde cuelgan banderolas multicolores de ropa tendida. La linea del mar que se perfila constante  a mi derecha, acompañando al tren, me da seguridad con su quietud.

La rutina del viaje se sucede como está prevista, el tentenpié que ofrece la Compañía, el reparto de prensa diaria y el revisor que comprueba mi billete falseado. Es la última prueba y la he superado, no ha dicho nada, ni siquiera me ha mirado a los ojos, no lo ha notado, no sabe, realmente no sabe que aunque he comprado un billete de ida y vuelta ¡no pienso volver!.


3 comentarios el “Viaja en…

  1. ¡De nada! Es un placer, un honor y una grata casualidad haber encontrado tus relatos desde una búsqueda de imagen en Google. Sólo un pero: que tengo tres libros esperando turno y les tocará seguir esperando, ja ja ja ja…

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