Cruza esa puerta y escribe

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1.-

Más allá de mi puerta, el pasillo aparece extrañamente iluminado. Se diría que hay que dejarse traspasar por este haz de luz blanca que viene no se sabe de donde para poder alcanzar la salida, al fondo.

Tengo miedo, sé que esa zona iluminada supone una amenaza. ¿Por qué no se ve a nadie más en el pasillo?. También sé qué me espera más allá, esto no es más que una prueba, un instante de angustia que pasará enseguida, y, después, la seguridad, la paz para siempre.

Un paso más, la punta de mi pie derecho ha invadido ya el espacio luminoso, una corriente de energía asciende por la pierna, que comienza a desprenderse, ingrávida, se trasmite al brazo que también flota, llega a la cabeza: todo es luz dentro de mi cerebro, luego, vacío y  todo se funde en negro. Y estoy al otro lado.

Esta vez no pienso volver a reencarnarme.

2.-

Tengo seis años, acabo de llegar al pueblo con mi familia como todos los veranos, de vacaciones.

Corro a casa de la tía Pepa. La tía Pepa fue niñera de mi padre y ahora vive en una casita baja al final de la calle. Su puerta siempre está abierta, cubierta por una cortina de dril grueso que la protege del calor y del sol.

La tía Pepa teje capachos y sombreros de palma y me regalará un “basquet” y una pamela adornados con cintas azules.

Pero hoy, la puerta está cerrada y la cortina recogida a un lado. Empujo, aporreo y la llamo a gritos para que me abra. Nadie responde.

Regreso a casa cabizbaja, mi madre, que ya ha sabido la noticia, trata de consolarme diciéndome que la tía Pepa se ha ido a tejer sombreros para los angelitos en el cielo.

Yo me he dado cuenta, por primera vez, de que la muerte es el silencio tras una puerta cerrada.

3.-

Detuvo la furgoneta ante aquella puerta, y supo que le había encontrado. La calle estaba desierta y todos los edificios exhibían  el mismo desolador aspecto, con sus maderas despintadas, alabeadas y desencajadas, y el intrincado dibujo de las chimeneas que asomaban por los cristales mal cubiertos por cortinas que se adivinaban sucias.

A pesar de que no se distinguía bien el número la casa, empujó el batiente, y un olor mohoso y rancio de trementina y barniz le inundó hasta la náusea.

Junto a la estufa, acurrucado, extremadamente pálido y tembloroso estaba él. No se detuvo a mirarle y subió directamente al primer piso. Los cuadros se amontonaban apoyados contra las paredes, la luz que penetraba por las ventanas, al iluminarlos, creaba un magnífico universo de colores y formas. Su instinto no le había engañado, eran realmente buenos.

Cuando acabó de cargarlos en el vehículo, se dijo que probablemente él se estaba muriendo. Cerró la puerta con cuidado.

La muestra fue un éxito, un buen marchante sabe lo que la muerte  revaloriza una obra de arte.

4.-

Es el gabinete de tía Virtudes, nunca lográbamos entrar en él.

A veces, nos invitaba a merendar en su casa. Entonces tía Virtudes aparecía, enmarcada en esas cortinas estampadas que le daban una apariencia de protagonista de una escena teatral, y nos conducía suavemente a la sala.

Allí, charlaba animadamente con nosotros y nos ofrecía chocolate y buñuelos, misteriosamente siempre recién hechos.

En el gabinete estaba su piano, y la puerta del fondo comunicaba con su alcoba. Era un mundo privado que defendía con la misma tenacidad que su virginidad, pues sabíamos que había rechazado a numerosos pretendientes.

El día que encontramos abierta la puerta, supimos que tía Virtudes, al fin, había conocido el amor: en el umbral, se recortaba la figura de una desconocida que nos sonreía invitándonos a entrar mientras tía Virtudes, al piano, interpretaba un preludio de Mompou .

5.-

Parece que, tras la puerta amarilla, se guardaban las herramientas del jardinero; cuando la finca tenía jardinero, cuando la casa tenía cocinera y dos muchachas jóvenes que se encargaban de las faenas más pesadas y un ama añosa, la única persona que había estado junto a la señorita Adelaida Montcada y Alarcón, en el día de su  prematura muerte, cuando su alma se le fue entre un río de sangre que regó los rosales.

Ahora, la casa se había convertido en uno de esos “Hoteles con encanto” que figuran en las Guías Rurales y del parque que la rodeaba se encargaba una empresa de mantenimiento que enviaba, de vez en cuando, a unos cuantos hombres a cargo de un jovencísimo ingeniero forestal.

Del antiguo jardinero oyó decir en el pueblo que tenía, metido en un frasco, un “fenómeno”; una cría de cerda malformada que nació en el corral de la casa y que  conservaba como un tesoro, hurtándola a las miradas de todos.

El ingeniero sintió curiosidad científica, y con la excusa de hallar alguna herramienta todavía de utilidad, pidió al capataz que le consiguiera la llave de la puerta.

El sol iluminó la estancia de golpe: sobre un anaquel excavado en el muro posterior, desde el interior de un tarro de cristal verdoso le contemplaban los ojos ciegos del rostro anencéfalo del último vástago de la familia Montcada.

6.-

Esa puerta solo puede existir en los sueños. Y  allí estaba, delante de mi, como están los objetos en los sueños, fuera de todo contexto identificable, sin que parecieran pertenecer a ningún edificio en particular, flotando en una neblina que se diluía en blancos.

Me obsesionaba la columna partida de la izquierda, el que se soportara prendida del capitel a pesar de que parecía formada por una compacta mole de mármol.

Los seis batientes permanecían cerrados, aunque yo sabía que, como sucede en el sueño, podría atravesarlos facilmente con sólo acercarme y decidir traspasarlos.

Sin embargo, la facinación que ejercía no se debía a lo que pudiera haber detrás. Sabía de sobra que si cruzaba aquel umbral,  habría salido de este sueño para introducirme en otro, y yo quería permanecer todavía en este, delante de aquella puerta, deteriorada, enigmática, inquietatnte.

Creo que me despertó el foco de una linterna sobre los ojos y tomé conciencia de nuevo de la realidad del secuestro junto a dos compañeros y del zulo en el que llevaba confinado no sabía cuánto tiempo.

Me hablaron de un juicio popular al que iba a ser sometido y me encontré entre la niebla exterior ante seis encapuchados. A la derecha, en pie, me contemplaba mudo, pálido y frio uno de mis amigos, a la izquierda, pude ver con espanto como pendía la cabeza del otro.

Avancé lentamente y, como en el sueño, supe que podía pasar a través de los encapuchados. Entonces sonó el disparo. Comprendí, en ese instante que detrás de las seis puertas estaba la eternidad.

7.-

No recordaba cuando había comenzado a alzarse el muro, ni quien lo había comenzado. Lo vio levantarse delante de sus ojos desde niño. Primero como un juego, cuando se ocultaba y su madre parecía no verlo durante horas, después como una defensa, cuando de adolescente comenzó a percibir los secretos de familia, y aprendió a callar. Más tarde, de adulto, cuando precisaba refugiarse en la soledad, para que no le hirieran.

Después, el muro había vuelto totalmente oscuro su mundo y aprendió a moverse por él con los ojos, los oídos y los labios cerrados.

De pronto, ha comenzado a percibir un resplandor, primero han sido los fogonazos de unas palabras que han horadado la negrura, después una rendija y una franja de luz le ha mostrado el vano de una puerta. Las voces del exterior se deslizan, penetrando por ella. Pero dentro solo hay sombra, una sombra  en la que el sonido encuentra únicamente eco. Una sombra ciega, sorda y muda.

.- No hay nadie, dice alguien. Y la puerta vuelve a cerrase.

8.-

Le envolví entre mis brazos y tejí con mis caricias una red para impedir que me abandonara.

Instilé en sus oídos palabras de amor bañadas en esencia de adormidera  para tenerle preso en mis ensueños.

Froté mis labios con curare para paralizarle con mis besos.

Hasta que una mañana, percibí que mi cuerpo estaba hueco y el lugar que yo ocupaba en el espacio se había quedado vacío.

Entonces miré la puerta que yo creía sólidamente cerrada y comprendí como le había perdido.

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2 comentarios el “Cruza esa puerta y escribe

  1. Todas estas secciones de participación en la revista Almiar fueron una experiencia muy interesante, yo hacía la propuesta y escribía el primer relato, pero la gente que seguía el juego escribió también textos muy logrados, por eso he puesto el enlace al principio .

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