Propuesta 06:la ciudad

VALENCIA Y SUS PUENTES

Valencia es una ciudad con puentes pero sin río. Del Turia que regaba sus espléndidas huertas a través de sus siete acequias mayores, solo queda el recuerdo convertido en estatua de fuente, como una deidad clásica rodeada de las siete ninfas que trepan por su cuerpo de viejo dios, en la Plaza de la Virgen.

Ahora el Turia es un trazado verde de parques y zonas de recreo que contornea la ciudad, pero sus puentes permanecen como un símbolo de tránsito, de comunicación, de  entrada, de salida, de la vida que fluye a ambos lados de las dos orillas de un arroyuelo que podía inundar, en el curso de unas horas, calles y plazas, penetrar en tromba en los edificios más emblemáticos y sumir a la urbe en un caos de fango y limo pegajoso.

Cada puente que cruza el viejo cauce tiene una personalidad distinta que lo identifica.

Hay puentes proletarios, como el de Campanar y el del Ángel Custodio, con tráfico constante y presuroso en ambas direcciones y escasos viandantes.

Puentes que sirvieron a los Ferrocarriles, como el de Aragón y el Puente de Madera, que conserva su nombre aunque no  el material de su estructura. Puentes que cruzaban, azacanados, los pasajeros que se dirigían o llegaban de las tierras del interior y  los pueblos huertanos.

Y están los históricos: el Puente de los Serranos, la entrada a la ciudad por la puerta y torres del mismo nombre. Valencia empezaba aquí y aquí empieza a contarnos su historia de palacios renacentistas, iglesias y conventos.

El de San José, que comunica el palacio del Temple con el Museo de San Pío V. El Puente del Real arranca desde la Alameda y los Jardines de Viveros, balaustradas de piedra y la hermosa perspectiva de los atardeceres dorados. El del Mar, escalinata elegante para la burguesía novecentista del “Eixample”.

Y por último, el puente de Calatrava, como emblema de la pujante posmodernidad.

Los puentes han estado presentes en la vida de Valencia y de los valencianos, con un significado diferente para cada cual.

Más allá de los puentes había jardines y huerta, Ahora hay barrios, residenciales unos, dormitorio en otras zonas, pero siempre representan la modernidad en relación al casco antiguo

Hay para quienes los puentes separan y distancian, las gentes que han vivido “intramuros” y que, a pesar de que las murallas de la ciudad cayeron hace mucho, sigue existiendo un dentro y fuera, marcado por los puentes que aleja de sus vidas todo lo que significa cambio o diferencia.

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Sin embargo, los puentes también son para otros el camino que nos comunica y nos acerca. En el puente uno no se queda, uno transita, va o viene de alguna parte, y está bien atravesarlos muchas veces, en ambas direcciones, para intercambiar la perspectiva y la visión de lo que nos rodea.

Carmen López

Julio 2003

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