Propuesta 04:personajes

 

PERSONAJE  A

Entró con paso firme; sus zapatos bien lustrados dibujaban sobre el entarimado  exactamente el mismo trazo que habían diseñado durante cuarenta años, un arco de cuarenta y cinco grados para cubrir los dos metros que separaban la puerta del escritorio. El traje gris marengo sugería una hechura de sastrería a la medida y se combinaba con una corbata a finas rayas marino  y ocre que destacaba sobre una camisa celeste recién planchada.

Tras la mesa de roble claro, su silueta, que se dibujaba todavía imponente,  resaltaba sobre el negro absoluto de la pizarra.. Se había sentado, como siempre erguido y distante. De una anticuada cartera de piel extrajo con lentitud su pluma y sus notas cuidadosamente ordenadas y numeradas.

Su voz  había comenzado a dictar la última lección.

PERSONAJE  B

Los brazos largos y enjutos sobresalían de las mangas anchas de una camisa floreada en colores chillones medio desvaídos por el sudor que repetidamente se depositaba a la altura de los omóplatos, bajo las axilas y sobre el pecho.

Sus pasos eran elásticos,  de piernas acostumbradas a la larga marcha de la sabana africana que acababan en enormes pies calzando con dificultad unas sandalias deformadas y los vaqueros desgastados se ceñían a unos muslos atléticos en su delgadez

La cincha sujetaba en su hombro la enorme mochila que le permitía transportar su mercancía exhibida, en parte, entre sus dedos aracniformes. Relojes y gafas de sol se entremezclaban con abalorios y colgantes, que iba mostrando a lo largo de la playa repleta de turistas que, las más de las veces, lo ignoraban. Sin embargo él seguía con su eterna sonrisa brillando en el oscuro rostro.

Por la tarde, las cafeterías del paseo marítimo, por la noche, las terrazas de los bares de copas, repitiendo: barato…barato…como una letanía recién aprendida para conjurar el hambre y la soledad. Había llegado al primer mundo.

PERSONAJE  C

Los ojos  reidores le brillaban bajo la visera roja con el emblema de una poderosa multinacional de la alimentación. La camisa de rayas se ceñía a sus formas que comenzaban a insinuarse rotundas, y la falda muy corta mostraba una bonitas piernas  rematadas por unos pies calzados con  deportivos de altas suelas.

Se había peinado con esmero, recogiendo su melena oscura en un moño bajo la gorra, según indicaciones de la entrevistadora. Se había maquillado ligeramente sombreando sus párpados tersos con un rosa pálido y abrillantando sus labios que comenzaban a saber a fruta fresca.  Pensaba que podía comerse el mundo.

Caminaba deprisa, desde la parada del bus, con su mochililla pendiente de un hombro. Era su primer empleo.

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