Propuesta 33: imagen de gente mirando a un punto dado

EL SUICIDA

El hombre permanecía en pie, en medio de la avenida, mirando hacia el oeste.

Siempre había deseado hacerlo, cuando cruzaba esa misma avenida con prisas, aferrado a su teléfono móvil, concertando citas de negocio, tratando de recordar al mismo tiempo dónde había dejado estacionado su vehículo.

Ahora tenía tiempo, estaba solo desde que el trabajo había absorbido su existencia como única razón de ser, pero ya no había citas y su coche permanecía en el garaje.

Aquella perspectiva le había emocionado muchas veces, fugazmente al pasar, cuando veía recortarse la airosa silueta del campanario, que aún triunfaba sobre las casas de alrededor, sobre el rojo del sol poniente, un rojo vibrante, anaranjado como el de un incendio. Quería permanecer allí el tiempo necesario hasta que se ocultara del todo.

De la torre solo se apreciaban sus contornos con aquel contraluz. Y los edificios contiguos, la iglesia, las viviendas,  eran manchas oscuras tras las que aparecía el ígneo resplandor.

No se dio cuanta de que una mujer se había parado a su lado y miraba también en su misma dirección sin decir nada, era mayor, casi una anciana. Más tarde una pareja se sumó a ella, y después un hombre de mediana edad, y a poco un grupo de muchachos que salían de clase, y después una madre que llevaba a su niño de la mano, y dos señoras con paquetes, y un operario con mono de trabajo.

Los coches también tuvieron que detenerse y sus ocupantes bajaron y miraron en la misma dirección. Todos hacían visera con sus manos porque el sol les cegaba.

Fue entonces cuando se extendió el rumor.

Alguien dijo:

– ¿Qué pasa, que hay?

– No sé

– Parece que es un hombre que va a saltar desde la torre del campanario

Y la información corrió de boca en boca.

Entonces las voces se elevaron ya claras y audibles:

-La mujer, que se ha ido con otro, dijo uno

-Se ha quedado sin empleo, dijo alguien más allá

-Se le ha incendiado el almacén con todo el género dentro, habló otra voz

-Tiene una mala enfermedad, incurable, se escuchó en otro lado

-No le dejan traerse a la familia de su país, añadió uno más

Y así, poco a poco, cada uno proyectaba en el suicida la razón que a él mismo le llevaría a pensar en quitarse la vida.

Mientras, el sol iba ocultándose tras la torre y esta se distinguía con mayor nitidez. La gente buscaba ansiosamente ver la figura del hombre que iba a saltar desde lo alto para acabar con su desgraciada existencia. Cada uno creía verla en un lugar concreto.

De pronto, todo había terminado, se había puesto el sol y la tarde ya era totalmente gris,  la ciudad recobraba su aspecto habitual, las personas agrupadas parecieron sorprenderse de su situación y, sin decirse nada, un poco avergonzadas se fueron alejando y recuperando sus quehaceres. Se reanudó la circulación de los vehículos detenidos.

Tan solo la mujer que había llegado primero, la que en primer lugar se paró junto al hombre que miraba,  se quedó a su lado.

-Pero, ¿qué era lo que estaba mirando?, le espetó

-La puesta de sol, ¿le parece poco?

-Ya, pero los demás…vieron a un suicida

-Nadie considera lo natural digno de contemplarse, solo la tragedia es espectáculo.

– Tiene razón, desde mi casa también hay una buena perspectiva, es ahí mismo, si quiere… puede verla desde allí.

Aceptó y por primera vez anotó en su agenda del móvil una cita que no era de negocios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s