Propuesta 30: protagonista, el color

Colores

Dibujo propio: simulación acrílico con Pixarra

Noté un suave roce sobre mi cadera izquierda. En ese instante en que la frontera entre el sueño y la vigilia se va diluyendo tuve claro que no me había acompañado nadie a mi cama  la noche anterior.

El movimiento de mis piernas para incorporarme ya despierta del todo, hizo saltar al suelo con su natural agilidad la inconfundible silueta de un gato.

Suelen entrar alguna vez los gatos de la vecindad a mi casa a través de la terraza trasera que se comunica con las terrazas y patios de otros edificios, así había aparecido durante un tiempo una dulce gata rubia, y posteriormente un simpático gato gris con manchas rojizas. Me parecían alegres y divertidos. Los dejaba corretear entre las plantas y me distraían mientras desayunaba. Luego, desaparecían cuando sus dueños se asustaban de sus correrías y ponían algún tipo de enrejado que impedía su salida.

Ninguno había llegado hasta mi habitación, hasta mi propia cama.

Pero es que, además, éste que ahora se deslizaba por el pasillo buscando la salida, era negro, totalmente negro, de pelo brillante y preciosos ojos verdes, si, pero no dejaba de ser absolutamente negro, sin concesión alguna de unas briznas blancas por alguna parte.

Y todos sabemos que los gatos negros dan mala suerte.

Me vestí, algo malhumorada, para mi entrevista de trabajo en una empresa de diseño gráfico publicitario. De los innumerables currículos que había enviado era del único del que me habían llamado.

Me puse un elegante traje sastre oscuro con camisa blanca. Los colores oscuros, este era gris marengo casi negro, me sientan bien, estilizan, son discretos, profesionales, nada estridentes. Combinado con zapato de medio tacón y bolso de marca, no demasiado ostentosa pero elegante, cambié de humor porque mi imagen reflejaba exactamente lo que quería transmitir: una mujer eficiente, fiable y con estilo.

Cuando me recibió la secretaria, increíblemente vestida de violeta de pies a cabeza, indicándome que esperara para ser recibida por la jefa de personal eché una mirada al amplio espacio de trabajo donde se encontraban las habituales mesas con equipo informático en cubículos divididos por mamparas diáfanas. Nada distinto de cualquier otra empresa de similares características salvo la indumentaria de los trabajadores.

Todos vestían un equipo formado por pantalón y suéter tipo polo, adaptable por tanto indistintamente a hombres y a mujeres, de idéntico color las dos prendas y en cinco tonos: azul, rojo, verde, amarillo y violeta. Varios empleados compartían cada color.

De lejos formaban un conjunto atractivo, incluso divertido, y pensé en la creatividad del directivo que lo había ideado, más tratándose de una empresa de publicidad.

Cuando se reunían en torno a una de las mesas para discutir o comentar alguna cosa el efecto era todavía más interesante ya que los colores de sus ropas se combinaban sugiriendo posibilidades  gráficas. Era como ver el posible futuro diseño  en movimiento.

Una puerta lateral se abrió y la secretaria, me indicó que me estaban esperando.

A estas alturas mi impecable traje gris oscuro resultaba de lo más llamativo e incongruente por lo que mi seguridad inicial, basada en la indumentaria había ido perdiendo puntos de forma estrepitosa.

Ante mí, tras una mesa de metacrilato transparente, iluminada de forma natural a través de un amplio ventanal, se sentaba una mujer de edad mediana.  Pantalón y chaqueta blancos de muy buen corte con una camisa deslumbrantemente negra. Es decir, exactamente, el negativo de mi conjunto, o ¿más bien yo era el negativo del suyo?

Hojeaba mi dossier con una expresión indefinible.

.- ¿Qué le ha parecido el entorno de trabajo?, fueron sus primeras palabras.

.- Visualmente, espectacular. Respondí con sinceridad.

Pareció satisfecha.

.- ¿Conoce la teoría del color?

Por supuesto, formaba parte del itinerario formativo por el que estaba acreditada para este empleo.

.- Naturalmente, respondí, manifestando un aplomo superior al que tenía.

.- ¿Conoce las teorías de Max Lüscher?

Ahora si que me había pillado en un renuncio, por muy rápido que rebobinara en mi cabeza todos los autores que había estudiado en relación al impacto del color en el diseño publicitario, no encontraba por ningún lado al maldito Max Lüscher.

.- Debo admitir que no. Dije escuetamente.

.- Ya, es un psicólogo suizo de mediados del siglo XX que ideó un test de los colores, por el cual se identifica la personalidad de un sujeto a través de sus colores favoritos y de los que detesta.

.-Ya ha visto a mis empleados, ellos visten según su color favorito y ello refleja sus caracteres dominantes, me sirve para asignarles las tareas más adecuadas.

.-Sólo hay una persona vestida de rojo, es el más activo, yo diría que incansable, ¡pone tanta pasión en su trabajo! Muy, muy eficiente, la verdad.

.-Tres mujeres visten de azul, son tranquilas, están muy satisfechas con sus tareas y las realizan con eficiencia y serenidad.

En este momento me maldije por no haber elegido un precioso vestido azul, que me pareció demasiado banal, en principio.

.- Los dos jóvenes de verde son jefes de equipo, saben imponerse y son constantes y perseverantes. Me resultan imprescindibles.

.- Hay un muchacho de amarillo, es una especie de ordenanza, chico para todo, pero con mucho afán de progresar, optimista y alegre.

.- Y a nuestra secretaria, la encantadora violeta, presumida y egocéntrica, necesitada de halago y estimación, pero de la que, una vez se le gratifica un poco, puede obtenerse un gran rendimiento laboral.

Seguía sonriendo enigmáticamente. Miraba mi traje, que ahora, con aquella luz tamizada por unas tenues líneas provenientes de las persianas, parecía absolutamente negro.

.- Indudablemente el negro es elegante, y a la vez juvenil, sobrio, serio, pero en absoluto discreto, es intemporal, realmente.

.- Yo elijo el blanco, es el color de la perfección, de la exactitud, y de la verdad.

.- Así que, lo siento, señorita, su currículo es impecable pero no encajaría con nuestra gente porque el negro es el color de la negación, de la agresividad, del misterio, de la maldad.

Me fui sin despedirme, sentí lástima por aquellos trabajadores que debían comportarse con arreglo al patrón que marcaba el color de sus ropas en manos de una mujer fanática de las teorías de un tal señor Lüscher que, hace más cincuenta años elaboró una, exclusivamente propia, sobre los colores y la personalidad que nadie ha revalidado y que ya no se estudia en ninguna parte.

Y según la cual, el blanco es también el color de los fantasmas.

Y al regresar a casa le sonreí al gato negro, mi nuevo huésped.

INCOMPRENSIÓN

Nunca entendió por qué, a su ahijado, no le había hecho ilusión la magnifica caja de sesenta y cuatro colores al pastel que le había regalado.

Nunca se había parado a considerar  que el niño había nacido ciego.

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