Propuesta 27: diario de un sedentario

DIARIO DE UN SEDENTARIO

 

1.-Lunes, 17 de febrero

He esperado a que todos se fueran para tomar mi desayuno. Estaba dispuesto como de costumbre en la cocina y lo he saboreado con calma. Después me he puesto a mirar por la ventana desde el sillón de la abuela que está junto a la mesa camilla de la salita.

El día es lluvioso y gris y no se veía a mucha gente por la calle. Tan solo algunas mujeres apresuradas con bolsas de la compra.

El sillón de la abuela es muy cómodo y acogedor, tiene un almohadón de cretona bastante sobada pero que se conserva mullido. Ahora ella está en un Residencia, según he oído decir. Al cabo de un rato de no ver nada interesante me he quedado dormido.

Al medio día ha vuelto la gente de casa. Ya que vivo con ellos, he de ser agradecido y mostrarme afectuoso, especialmente con la madre.

Por la tarde me retiro discretamente y trato de no ser inoportuno, aunque procuro estar enterado de lo que se cuece en la familia. Es mi forma de ser, no lo puedo evitar.

Cuando todos se han ido a la cama doy una vuelta silenciosamente por todo el pasillo. Solo hay luz por debajo de la puerta de la habitación de Ricardo, el hijo mayor, y se escucha el rítmico teclear de su ordenador.

2.-Jueves, 18 de febrero

De nuevo he pasado la mañana mirando por la ventana de la salita. El sillón de la abuela sigue en su sitio, aunque he oído que van a dejarlo en la calle cuando pasen los de la recogida de enseres del Ayuntamiento.

Me da pena, yo la recuerdo allí, sentada, tejiendo aquellos calcetines de lana tan calientes que se ponía Marieta, la pequeña, para dormir. Ella estaba contenta de que yo estuviese siempre en  casa, decía que le hacía mucha compañía y que conmigo no se sentía tan sola.

Yo la echo de menos, pero me gusta la independencia, y las mañanas en solitario, me resultan muy agradables y tranquilas.

A la hora de comer, me he dado cuenta de que había tensión en la mesa, soy muy hábil para percibir esas cosas, por lo que he procurado no hacerme notar para que no se me hiciera responsable de ningún malestar.

Parece que los problemas son porque Ricardo no consigue trabajo, no acepta cualquier cosa, el chico tiene aspiraciones y es natural. Desde que vivo con esta familia estoy escuchando alabar lo inteligente que es, lo preparado que está y el brillante futuro que le espera, y ahora, ¿que quieren?, si no hay más que sueldos de pena como becario.

En mi deambular nocturno le he oído hablar por teléfono, primero con quejas, luego con risas. ¡Es difícil que yo comprenda a este chico!

3.-Domingo 21 de febrero

No me gustan los domingos, todo se trastoca, no puedo desayunar en paz porque siempre hay alguien por la cocina, entrando y saliendo. Desde muy temprano, Javier, el mediano ya está trasteando para preparase los bocatas que llevarse de escalada, busca y rebusca lo que le falta de su equipo de montaña por todas partes dando portazos, porque cuando vuelve lo deja todo repartido, su madre lo recoge y lo esconde por cualquier sitio donde no sea visible para tener la casa en orden.

Yo, que soy muy observador, sé donde está cada cosa, pero Javier no se molesta en preguntármelo, así que me limito a mirarle con cierto descaro. Él pasa de mi, creo que no le hace gracia mi presencia aquí pero ha se soportarme. De todos modos tampoco me voy a poner al alcance de sus iras, sería una situación desagradable para todos, y especialmente para mí.

La tarde es tranquila, mucha televisión y el sillón de la abuela todavía a mi disposición para descabezar un sueñecillo vespertino.

Soy más bien noctámbulo, así que espero la hora en que todos se han acostado para disfrutar a mis anchas de las comodidades, de la buena calefacción, del sofá del salón, de las alfombras mullidas…

No, no me puedo quejar.

4.-Miércoles, 24 de febrero

El tiempo ha mejorado, la calle está más animada y es más entretenido mirar por la ventana. Sale el vecino a pasear a su perro, un chucho asqueroso de un pelaje canela claro, rabicorto y patilargo. No me gustan los perros, en absoluto, y no entiendo a ese anciano que se muestra tan cariñoso y paciente con el suyo, El animal le hace trotar tirando de su correa y el pobre hombre casi da un traspié.

Marieta no ha ido hoy a la escuela, creo que tiene anginas con un poco de fiebre. Su madre la ha dejado bien abrigada en la cama con unos cuantos libros de cuentos a su alcance y un tazón de leche caliente en la mesilla de noche.

Me he colado en su habitación, ella dormitaba con los ojos entrecerrados. He visto la leche que ha dejado, no se la ha bebido toda. Me ha apetecido mucho acabármela porque la leche es una de las cosas que más me gustan. Pero se que no debo hacerlo, no sería saludable.

Me he quedado un rato en el silloncito azul esperando que se despertara, pero he acabado por dormirme yo.

De pronto he escuchado ruidos en la entrada, ya volvían los otros y he salido rápidamente del cuarto, supongo que a la madre no le habría gustado saber que he estado allí toda la mañana estando Marieta acostada y enferma.

5.-Viernes, 5  de marzo

 

Hoy, a la hora de comer ha habido nueva discusión. Esta vez por el destino del sillón de la abuela. La madre quiere retirarlo ya y que se lo lleven los del Ayuntamiento, para montarle a Ricardo allí una especie de despacho con su mesa de borriquetas y el equipo informático, delante de la ventana. Él dice que ha encontrado trabajo para hacer desde casa y necesita espacio. A su padre esto de trabajar en casa no le parece trabajo.

Pero realmente lo que le duele es tirar el sillón de su madre.

Por la noche salgo al balcón que han dejado entreabierto porque hoy ha hecho bastante calor y he visto el sillón en la acera, junto al contenedor de la basura. También me ha dado cuenta de que el padre estaba mirando igualmente desde la ventana de su cuarto.

Nadie ha tenido en cuenta que yo también usaba ese sillón.

6.- Miércoles, 10 de marzo

 

Ricardo ya tiene montada su “oficina” como el la llama. La mesa llena de papeles y también las estanterías, que antes tenían novelas y revistas, ahora están ocupadas por sus libros, apuntes y archivadores.

Me acerco sigilosamente para no molestar. Desde la mesa también puedo ver la calle, hace un buen día, luminoso, primaveral, incluso entra ya el sol en la habitación. Ricardo clica constantemente con el ratón, a mi ese ritmo me adormece.

Al medio día, cuando vuelve su padre, le pregunta con cierta sorna cuánto ha ganado hoy, me parece de muy mal gusto, la verdad, si pudiera se lo diría, pero, obviamente no puedo decir nada.

Por la noche, cuando Ricardo se acuesta vuelvo a acercarme a su mesa de trabajo, no puedo evitar tocar el ratón para que aparezcan en pantalla aquellos diseños que he visto antes, pero no sale nada, y en un momento dado, el ratón se me escapa y cae al suelo.

Salgo corriendo, no sé si me han oído. No les gusta que ande enredando por sus cosas.

7.- Jueves, 11 de marzo

 

Me he despertado muy temprano, Marieta chillaba asegurándole a Ricardo que no había tocado nada de su mesa. La madre ha puesto paz y ella se ha ido a la escuela refunfuñando. Al pasar por delante de la cocina donde yo desayunaba me ha mirado con expresión sospechosa. Creo que lo sabe.

Hoy he decidido estar toda la mañana aquí, en la cocina, también hay una ventana, pero solo da a un patio de luces. Enfrente hay otra ventana similar de la cocina de los vecinos. Nada de interés.

Aunque, hoy sí, hoy estaba Ella. Ella es nueva en la casa, tiene unos ojos azules preciosos, parece muy joven, delgada y sinuosa, no se ha retirado cuando me he asomado al alfeizar, claro que la resguardaban los cristales de su ventana que estaba cerrada.

Al final, me ha puesto nervioso a mi, que soy mayor que Ella, y me he vuelto para dentro a seguir mis rituales diarios. Sin acercarme a la “oficina” de Ricardo, por supuesto.

Durante la tarde he vuelto a asomarme un par de veces a la ventana de la cocina, pero Ella no estaba.

8.- Domingo, 14 de marzo

 

Me estoy interesando demasiado por mi nueva vecinita. Intuyo que quiere algo conmigo por la forma en que se deja ver. Hoy tenía su ventana también abierta y parece que me susurraba algo, pero, ¡caray!, ¿me estaré quedando algo duro de oído y no la he escuchado bien?, o son solo figuraciones mías.

Luego la he visto con la dueña del piso, también es joven y parece que se llevan muy bien, he imaginado que quizás incluso compartan habitación y eso me ha puesto pero que muy nervioso.

Ya he dejado de interesarme en las andanzas de la gente de esta familia. Creo que Marieta espera que le muestre de alguna forma mi agradecimiento por haber ocultado lo del ratón, porque me hace un caso especial ahora. Su madre le dice que me deje en paz, que no está bien tanto arrimo. Pues es verdad.

Ricardo parece contento, creo que esto del nuevo trabajo le va bien, su padre ya lo va entendiendo. De Javier ni mentarlo, no somos compatibles. Temo que traiga un perro a casa, se lo lleva tiempo pidiendo a su madre, ¡qué horror!, ¿tendré que buscarme yo otro alojamiento?

9. Jueves, 18 de marzo

 

Estaba desayunando en la cocina y la he oído claramente, me llamaba, sí, Ella me llamaba con una voz muy dulce y melosa. Estaba sola, la dueña del piso se habrá ido al trabajo como de costumbre.

Mi ventana también estaba abierta, no quería asomarme, no quería que me viera, todavía no, seguir escuchando su reclamo era demasiado maravilloso.

Se ha cansado de esperar y se ha ido.

Todo el día he andado mohíno, y huidizo. Nadie se ha interesado por mi actitud, nadie ha tratado de consolarme o animarme. Aquí cada cual tiene sus preocupaciones y lo entiendo.

Soy un estúpido, Ella me comprendería, ¡somos iguales!, si me atreviera a ir hasta su casa, eso es lo que Ella espera, y no sería tan complicado, estamos muy cerca, pero he sido siempre tan poco aventurero.

10.- Lunes, 22 de marzo

De nuevo su voz a la hora del desayuno, la casa está en silencio, solo el maldito ratón del ordenador de Ricardo de infausta memoria. Ricardo no se entera de nada cuando está delante de la pantalla, puedo hacer lo que me apetezca.

En la casa de enfrente tampoco hay nadie, nadie más que Ella, en la ventana, mostrando todo el esplendor de su belleza y su juventud.

Me asomo a mi vez, me mira, ¿qué le pasa? Son verdaderos gemidos sexuales los que emite. Es una llamada explícita en toda regla.

Debo ir, debo arriesgarme, romper de una vez con  esta vida absurdamente cómoda que llevo, Ella es la aventura, el placer que se ofrece a mi alcance, el futuro…

¡Pero…es Ella la que viene hacia mi!, camina despacio por la medianera del patio, contoneándose aún más si cabe, ya ha llegado al alfeizar de la cocina, y ha saltado dentro con su natural agilidad.

¿Y cómo le digo yo ahora que soy un gato castrado?

Denia, enero 2011

 

2 comentarios el “Propuesta 27: diario de un sedentario

  1. Me encanta. Estaba deseando llegar al final para ver el desenlace que, como siempre, me sorprendería.
    Pero esta vez le voy a poner una pega: aunque la ilustración es muy apropiada, descubre desde el principio al personaje narrador y es una pena, porque se podría mantener la incertidumbre durante toda, o casi toda, la narración.

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