Propuesta 02: la casa

Hay quien adora las casas con historia, esas casas que nos llaman la atención en un rincón de la ciudad por su estructura bizarra, por un balcón de forjado caprichoso y una fachada de azulejería decorada con geometrismos que recuerdan símbolos cabalísticos.

Estas casas, suelen tener los postigos cerrados, aunque, detrás de alguna ventana, en la segunda planta, se atisba una cortina de encaje ajado tras unos cristales opacificados por el polvo y por el tiempo.

Hay quien imagina, al pasar por delante, las personas que la habitaron, cuyo fantasma,  estoy segura, todavía vaga doliente por las habitaciones de techos altos, mobiliario de caoba oscura, estanterías de roble y aparadores repletos de porcelana y cristal.

Espíritus que no quieren abandonar el lugar que ocuparon y donde fueron , sin duda, desgraciados. Por que esta casas, sobre las que pesan además pleitos interminables, siempre tienen una leyenda en la que se mezclan amores y abandonos, venganzas y celos, e, inevitablemente decadencia y ruina.

Son casas construidas siguiendo el gusto y la inclinación algo perversa de su primer propietario, que obligó al arquitecto a diseñar espacios imposibles. Por eso tienen pasillos oscuros que comunican pequeñas alcobas de dudoso uso, que, a su vez, se pueden atravesar merced a pequeñas puertas semiocultas tras una sillería isabelina y disimuladas por un tapiz dieciochesco con la consabida escena de jardín.

Son casas de ventanas alargadas sobre el patio interior, donde crece desordenado un magnolio y una acacia pugna por respirara un trocito de cielo azul. Los balcones, sin embargo, amplios, el la fachada, con su forja de laureles de hierro imponen el respeto que codició su dueño.

Estas  casas sufrieron después modificaciones también anárquicas, y crecieron por uno u otro lado, y los añadidos quedaron como una fea verruga en el rostro hermoso de una anciana.

Mas tarde, el cáncer de la carcoma devastó alguno de los pilares de sostén, la  casa cedió en el suelo de la sala principal y ya fue peligroso deambular por ellas. Y, por último, compete a las autoridades decidir sobre el futuro de un edificio que se está convirtiendo en un riesgo para la ciudadanía.

En entonces cuando puede ser adquirida y restaurada. Y hay, como he dicho, quien adora estas casas, las compra y trata de hacer de ellas su habitáculo.

Hay gente, a la que le gustan los fantasmas.

Carmen López

Julio 2003

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