Propuesta 16:historias de manos

RELATO I

La sombra del brazo proyectándose sobre la arena.

No es una sombra recortada y nítida, más bien parece que la arena se haya empapado de sombra, que la haya absorbido ávidamente.

El hombre trata de moverse, hace calor, quisiera utilizar su brazo para llevarse a los labios un poco de agua fresca.

La sombra no le deja, si el hombre mueve el brazo se quedaría sin esa suave oscuridad que la conforma.

La sombra ha ido apoderándose también de la mano y del brazo del hombre, ambos van disgregándose en partículas tan finas como los granos de arena, mimetizándose con la arena, ahíta de sombra.

El hombre tiene sed, tiene los labios secos y la saliva espesa. El sol daña sus ojos. Ansía más que nada un poco de frescor. El mar llega hasta muy cerca de sus pies con su lengua húmeda y azul. El hombre quisiera acercarse hasta él.

Su brazo derecho se ha convertido en sombra de arena y le inmoviliza, y ahora, su brazo izquierdo comienza también a ser engullido por la sombra que proyectaba sobre la playa. El resto de su cuerpo seguirá el mismo proceso.

El hombre cierra los ojos ante su destino.

Cuando caiga la noche y la cala se vea envuelta toda en sombras, al hombre, todo arena, solo le cabe esperar que suba la marea.

RELATO II

Te acaricié tantas veces, tantas veces mis manos recorrieron tu cara, reconociendo, identificando cada pliegue de tu boca, cada surco, cada ángulo, cada diferencia en la textura de la piel, de la barbilla a las mejillas, de la frente a los párpados, de los labios a las pestañas, que tu imagen se me metió por los dedos, ascendió a través de la palma y ala muñeca trasladando su impronta a mi antebrazo.

Primero fueron unas ligeras irregularidades de los tejidos, que se deformaban, se elevaban o se hundían en algunas zonas, sin desgarrarlos, sin deteriorarlos, tan solo como modelando suavemente, en la arcilla  maleable de mi antebrazo, tu rostro.

Y ahora lo llevo allí, bien visible para todo el mundo, no como un simple y vulgar tatuaje sino como la fehaciente demostración de que mi mano y tu cara son ya un todo indivisible.

Julio07

RELATO III

A él le gustaba el jardín, cuidaba de sus macizos de hortensias a las que proporcionaba sustratos de diversa composición para conseguir colores insólitos, podaba amorosamente los chupones de los rosales para que florecieran pujantes y hermosos cada primavera, daba forma a los trepadores a lo largo del muro y se enorgullecía de las frondosas buganvillas siempre en flor que se podían ver desde fuera, al pasar por el camino que bordeaba la tapia de su finca.

Nunca había plantado especies exóticas, pensaba ecológicamente que las autóctonas eran más adecuadas, crecen saludables sin precisar gastos extraordinarios ni mantenimientos costosos.

A ella le gustaban sus manos, era la  única de su cuerpo de la que se sentía satisfecha, más aún, fascinada por su perfección, por la forma de sus dedos, largos y sinuosos, que movía con delicadeza y expresividad, tanta que conseguía el efecto que buscaba, su interlocutor solo podía seguir con la mirada esas manos sin prestar atención a sus ojos, o a sus labios, que no eran feos, simplemente los consideraba vulgares.

Cuando él la conoció sucedió lo de siempre, sólo pudo mirar sus manos. Pero a él le sugirieron unas hermosas flores desconocidas, sus dedos eran pétalos que se movían al influjo del viento de la tarde, y su torneado brazo el tallo grácil que la sostenía. Supo después que había nacido en aquella misma ciudad, estaba aclimatada, era también autóctona

Pensó lo bella que luciría en su jardín, pensó en el rincón donde ubicarla, cavó el parterre con amor, la llevó hasta allí con cuidado y ahora esos dos tallos emergen de un limo oscuro.

Julio-07

RELATO IV

El cartel todavía llama la atención en la cantina de la estación de este pequeño pueblo, donde ya se detienen muy pocos trenes desde que apareció la Alta Velocidad en los ferrocarriles.

Pero allí esta, oscurecido por el paso del tiempo, por la mugre y las marcas indelebles de las moscas, exhibiendo esa mano enjoyada que alza una copa de champán como promesa de muchos otros placeres dejados a la imaginación de quien lo contempla.

Nadie le contará al viajero curioso por qué razón está colgado el cartel en la pared del fondo, bien visible incluso desde la puerta, ni quién lo trajo desde la lejana Chicago con sus reminiscencia de cuidad prohibida, si conoció a la mujer, si realmente era tan hermosa como sus dedos, si se arruinó para llenarlos de brillantes.

El que actualmente regenta la cantina ya se lo encontró en el local, lo mismo que las mesas de mármol y las sillas algo desvencijadas. ¿Qué por qué no lo quitó?,  le dirá el viajero, ¿y por qué quitarlo, señor?, dejará un feo marco en la pintura de la pared, y… además, ¿no es verdad que a todos nos gusta mirarlo?

Diciembre 08

RELATO V

Cuando llegué para levantar el cadáver, ya estaba acordonada la zona por la policía y se había alejado de allí a los curiosos. No sé por qué solo podía prestar atención a aquella mano, la había apoyado en el  suelo y el asfalto reciente de la calzada se le había  quedado pegado, luego, en un desesperado intento por seguir de pie, había conseguido llegar hasta el muro desnudo y había dejado allí su huella.

No percibí el reguero de sangre que partía de su espalda hasta empapar el borde de sus tejanos, ni la forzada postura de rodillas, humillada una vez más, con la que había caído definitivamente acurrucada en la acera.

Tan solo aquella mano crispada que dejaba en la pared el interrogante de una muerte inútil. Confié en que tardara mucho tiempo en borrarse y los chicos del barrio la integraran en algún graffiti que honrara su recuerdo.

Diciembre.- 08

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