Propuesta 00: seguir una historia dada

Todo empezó con un número de teléfono equivocado, el teléfono sonando tres veces en la quietud de la noche... como tantas otras noches en que, a eso de las dos de la madrugada, marcaba un número al azar, esperaba que sonaran tres timbrazos y colgaba el teléfono.

Imaginaba el estupor al otro lado de la línea en la persona que, medio en sueños, oía los timbrazos y , cuando intentaba despejarse mínimamente para descolgar, se hacía el silencio.

Me gustaba imaginar también el sobresalto, la indignación, pero, al mismo tiempo, la angustia, la duda, la incertidumbre de todos aquellos que tenían a alguien querido lejos y pensaban automáticamente que sería él. La ansiedad de quien espera una mala noticia temiendo, al mismo tiempo, recibirla. Y suponía que, en muchos casos, mi llamada desencadenaría una secuencia de teléfonos sonando en la noche, marcados por aquellas personas que comprobaban si les estaba tratando de localizar aquel por quien esperaban, en realidad, ser localizados.

Había comenzado este juego cuando dejé de dormir bien, cuando perdí el empleo y mi vida se convirtió en un eterno domingo vacío y aburrido en el que, por la mañana, deambulaba por la ciudad tratando de mantenerme físicamente activo, recalaba en algún bar desconocido para comer, siempre cambiando de barrio para no coincidir dos veces con nadie que pudiera recordarme y preguntarme por mis circunstancias, nadie a quien dar explicaciones.

Por la tarde, me metía en casa, rodeado de los libros que, en otro tiempo había coleccionad o con ilusión , los releía mil veces hasta casi aprendérmelos de memoria, escuchaba una música que ya no me emocionaba y luego, trataba de dormir.

Me sentía inútil, inexistente, como una figura difuminada apenas, en el fondo en un cuadro enorme que representa una gran ciudad. Una figura a la que nadie presta atención, cuando contempla en cuadro.

Sin embargo, de madrugada, , cuando me despertaba, me sentía extrañamente lúcido, extrañamente poderoso, capaz de cambiar el rumbo del mundo y deseoso, sobre todo, de producir cambios en las vidas de los demás. Esos  otros que jamás me habían prestado atención.

Por eso, comencé con las llamadas de teléfono.

Recordaba la agitación de mi mujer, antes de que me abandonara, cuando se producía alguna llamada perdida. Siempre equivocaciones, claro está, pero que, en ella, desencadenaban un repaso a toda su familia, un contactar compulsivamente con todos: con su madre, en primer lugar, con su hermana Chelo, con aquella prima que tenía el marido tan enfermo, con su amiga del alma, Pili, que le había contado, el día anterior, que su último novio le pegaba.

Llamaba entonces ella y, aunque, invariablemente, todos y cada uno de los otros, le aseguraban que no la habían llamado, esto daba pie a conversaciones interminables.

Así que, una de esas madrugadas en que me desperté, fue como una revelación el considerar las posibilidades que, una simple llamada de teléfono podía tener creando un efecto dominó en los demás. Me sentí omnipotente y comencé a vivir tan solo para mis llamadas nocturnas.

A la mañana siguiente, observaba los rostros de las personas en el metro, en las aceras, en los grandes almacenes, y sonreía pensando a cuantos de ellos habría conseguido movilizar la noche anterior con mis llamadas.

Hasta que, anoche, el teléfono dio sus tres timbrazos, pero antes de que pudiera cortar la comunicación, alguien descolgó. La mujer, porque era una mujer, sólo dijo:

.- Estoy ahí en cinco minutos.

Y ahora, era ella la quien había colgado.

Me sentí tan desconcertado que no pude articular palabra. De nuevo, me habían tomado la delantera y era otra persona quien dirigía la trama sin darme oportunidades. No dominaba yo la situación, como siempre había ocurrido en mi vida.

Tardé media hora en reaccionar y, entonces, repetí la llamada. El teléfono sonaba en vacío. Llamé un par de veces más, nadie descolgó, aunque dejé que diera muchos más de tres timbrazos.

Esta mañana me he despertado tarde, mejor dicho me han despertado. Esta vez era el estridente graznido del portero automático el que atronaba insistentemente. Han subido dos hombres que exhibieron su placa policial y que, de cualquier forma, llevaban en sus rostros la impronta de su oficio.

Se han dirigido a mi aparato telefónico, han comprobado maquinalmente el número y se han cruzado una mirada de suficiencia.

Me han informado de lo que, sin embargo, suponen que debo saber. Se me relaciona con el asesinato, ocurrido la noche anterior, entre las dos y las tres de la madrugada, de la Sra. Vilavella, una anciana que ha sido robada y acuchillada en su domicilio. Mi número de teléfono figuraba repetidamente en el identificador de llamadas de la citada señora.

Ahora estoy en la Comisaría. No sé que me va ocurrir. Lo que sea ha comenzado al marcar un número terriblemente equivocado.

Carmen López.

Julio 2003

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2 comentarios el “Propuesta 00: seguir una historia dada

  1. Seguí un taller literario durante le verano del 2003 y esta era la primera propuesta. El texto en negrita era el dado, creo recordar que es de un relato de Paul Auster.
    Luego he seguido escribiendo sobre el programa de aquel taller y aún me quedan bastantes temas. El del “congelao” por ejemplo corresponde a escribir sobre viajes.
    Gracias por leerme.

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